Evitar la deserción escolar como una tarea de Estado

La educación es un derecho, y el sistema no puede permitir que un niño desaparezca de un día para otro de la escuela. Hay que ir a buscarlo, trabajar con su familia, y hacer lo posible porque complete un mínimo de escolaridad.

por Claudio Orrego,
Intendente Metropolitano

 

La deserción escolar es un problema creciente y preocupante en nuestro sistema educacional. Entre 2013 y 2014 más de 32 mil adolescentes abandonaron sus estudios, y de ellos 14 mil nunca más retornaron al sistema. Esto les significa no solo dejar inconcluso el proceso de aprendizaje sino que también pierden oportunidades de mejorar sus condiciones de vida y quedan más expuestos a la segregación, la delincuencia o las drogas.

Sin duda, se trata de un drama social que cualquier reforma al sistema debe considerar. Más aún cuando muchas de estas deserciones tienen su origen en maltratos, agresiones y discriminación ocurridos en el propio espacio educativo, donde la convivencia escolar es fundamental para que los niños, niñas y jóvenes puedan aprender en libertad y sientan en la escuela un lugar que los protege. Datos de la Superintendencia de Educación así lo atestiguan: de 4.582 denuncias realizadas en 2014, 1.694 corresponden a “Maltrato a estudiantes”.

El clima escolar es una variable que incide poderosamente en el aprendizaje escolar, pero los sostenedores públicos muchas veces no tienen la capacidad de atender esta realidad. Solo un 13% tiene profesionales dedicados con exclusividad horaria, un 48% solo participa parcialmente y un 38% no cuenta con ningún experto.

Por eso es que como Gobierno Regional aportamos 1.460 millones de pesos para desarrollar durante este año un Programa de Transferencia Escolar y Alerta Temprana de la Deserción Escolar, el programa “Aquí Presente”, para mejorar la convivencia escolar e identificar los mecanismos que producen la deserción en 52 establecimiento de la Región Metropolitana.

La educación es un derecho, y el sistema no puede permitir que un niño desaparezca de un día para otro de la escuela. Hay que ir a buscarlo, trabajar con su familia, y hacer lo posible porque complete un mínimo de escolaridad. Un niño que se queda atrás, es una sociedad que se queda atrás, y el Estado debe hacer todo lo que esté a su alcance para evitarlo.